Mostrando entradas con la etiqueta Repaso por los clásicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Repaso por los clásicos. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de septiembre de 2014

Reseña de "Psicosis" de Robert Bloch.


 Psicosis es una de esas historias capaces de atraparte desde la primera frase. Y lo hace aún a pesar de que muchos lectores, como es mi caso, ya conocemos la trama e incluso el desenlace de antemano. Su afamada adaptación cinematográfica tiene "la culpa" de ello. Pero qué maravillosa sensación adentrarse en ese mundo terrorífico tan bien relatado, con esas atmósferas sugerentes donde el miedo que prima es el psicológico. Sin necesidad de sumergirnos en detallados festines de vísceras, el autor nos introduce en ese universo demencial preñado de delirios inquietantes. Nos cautiva con la historia de sus personajes, logrando que sintamos sus vibraciones dentro de nuestro cuerpo. Cada retal de esas experiencias es narrado sin complicaciones y con un ritmo ágil y ameno. Uno va pasando páginas sin poder desprender su atención de lo leído, ansioso por conocer cada detalle, cada meandro de la historia. Es fácil asimilar, a pesar de la dureza de lo expuesto por el autor, el significado de tan fascinante trama. Todos los detalles están siempre enmarcados en ese lienzo fosco donde la figura de esa vetusta casa y ese parador ya emblemáticos toman un papel psicológico importante. La soledad de esos entornos apartados, la presencia de la lluvia como elemento de ambientación, los mimados detalles de cada "decorado". Todo encaja como una maquinaria bien engrasada y lista para despertar nuestros terrores más icónicos. Los mecanismos retorcidos de una mente que lucha contra sí mismo, en una eterna lid imposible de ganar, significarán la bomba que imprima dinamismo a todo el relato. Resulta fascinante la forma de explicarnos cómo el personaje principal trata de encauzar su tormentosa situación. Tampoco faltarán las figuras del investigador frío que sólo persigue realizar su trabajo de manera interesada y calculadora, o el campechano sheriff que es incapaz de encarar la situación con objetividad y diligencia. Y todo ello nos irá conduciendo a un final perfectamente hilado. Todo un clásico en su género.

sábado, 1 de marzo de 2014

RESEÑA DE "YO, ROBOT" DE ISAAC ASIMOV.



Siempre me ha resultado interesante la destreza de Asimov a la hora de establecer paralelismos entre lo humano y lo artificial. En muchos de sus escritos da la sensación de que intentara acercar la esencia del hombre a su lado más material. También nos muestra la humanidad que puede brotar de lo que en apariencia nos resulta inerte. Es decir, busca un nexo de unión entre ambas condiciones, valiéndose de la premisa de que, al fin y al cabo, todo es materia. Centrándonos en la antología de relatos de "Yo Robot", se percibe esta cualidad visionaria del escritor, pero al mismo tiempo despliega en sus historias otro interesante conjunto de hipótesis. Me atrevería a decir, y creo que no me equivoco, que el libro, en su conjunto, se sustenta en el pilar básico que representan esas tres leyes de la robótica imaginadas por él para su universo futurista. Todo gira en torno a esas directrices fundamentales establecidas por la "U. S. Robots and Mechanical Men Corporation". La magia de cada historia reside en los inconvenientes que pueden surgir a raíz de esos "tres mandamientos" y las contradicciones que estos puedan provocar. 
 Como todos los seguidores de Asimov saben bien, la U.S. Robots es una compañía dedicada a la fabricación de seres artificiales. La clave fundamental de dicha organización es un "cerebro positrónico" que han creado para sus humanoides. Esa mente artificial contiene, desde su misma creación, tres leyes inquebrantables que regirán el proceder de los robots dotados con ella. Esas directrices tienen un orden de prioridad. La primera manda sobre la segunda y la segunda sobre la tercera. En caso de que, por ejemplo, la última contradiga a la anterior, será anulada por esta última.
 El libro es un fascinante conjunto de relatos donde el autor nos muestra, de manera divertida, las situaciones problemáticas que pueden darse cuando los robots de cerebro positrónico sufren conflictos internos a causa de las contracciones que surgen a veces entre las tres leyes. Por su puesto, no se trata de que las creaciones de la U.S. Robots no cumplan sus funciones debidamente, sino que, por el contrario, al seguir los dictados de esas tres leyes, en numerosas ocasiones se dan casos que el ser humano no puede a priori comprender. Y gran parte de la gracia del libro está en ver cómo desentrañan sus personajes esas confusas situaciones, para luego ponerles remedio de inmediato.


 A lo largo de todo el volumen irán apareciendo distintos miembros de esa organización tecnológica. Muchos de ellos pronto nos serán familiares, ya que intervienen en más de una historia. Así les iremos conociendo con sus defectos y sus virtudes. Y cabe mencionar, por cierto, que Asimov es bastante "generoso" al dotar a sus personajes de rasgos bastante humanos. Son mujeres y hombres muchas veces dominados por la ambición, la envidia o incluso la misantropía en algunos casos. El autor también juega, de manera magistral, con conceptos bastante filosóficos acerca de nuestra condición, haciendo que nos planteemos algunas preguntas.
 No faltan tampoco en el libro momentos emotivos, pasajes rebosantes de esa visión tierna que en numerosas ocasiones es capaz de plasmar con nitidez el escritor. Y es que Asimov, a mi juicio, es uno de esos autores capaces de llegar hasta lo más profundo del sentir humano, y pulsar ciertos resortes fundamentales. Logra arrancarnos un sano estremecimiento, un inquietante hormigueo por todo el cuerpo con sus sabias acrobacias imaginativas.
 Como curiosidad, me gustaría hacer mención de la capacidad asombrosa del autor para adelantarse en algunos casos a su tiempo, haciendo uso de esa visión creativa que le caracterizaba. Por su puesto, en otros casos esa perspectiva difiere un poco, como es normal, de la realidad que hoy conocemos y que para él aún estaba por llegar. Lo menciono como algo anecdótico, pues yo, como lector del siglo veintiuno, lo veo cómodamente desde mi perspectiva de un mundo completamente informatizado. Pero resulta llamativo y en algunos casos curioso. Es fascinante poder echar la vista atrás y saber cómo imaginaban algunos genios el rumbo que tomaría la ciencia en tiempos venideros, acertando de pleno en muchos casos y errando en otros muchos. 
 Un libro imprescindible para todo aquel que guste de los relatos de ciencia ficción. Entretenimiento asegurado, interesantes ejercicios de imaginación y mucha creatividad en un escritor prolífico como el maestro Asimov.

 Y recuerden, cerebros positrónicos, esas tres leyes fundamentales que habrán de respetar siempre:

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.

martes, 6 de agosto de 2013

RESEÑA DE FRANKENSTEIN DE MARY SHELLEY.


O el moderno Prometeo...

Algunas veces nuestra propia ambición nos ciega. Hace que persigamos esas metas anheladas, obnubilándonos la mente por completo. Ya no somos seres humanos sujetos a impulsos emocionales, sino meras maquinarias biológicas que trabajan bajo razonamientos puramente lógicos, olvidándonos de esa voz más visceral que son los sentimientos. De esta manera, conseguimos muchas veces materializar esos objetivos tan deseados, y para los que hemos trabajado con tan apasionada entrega. Sin embargo, puede que al final, el fruto de ese trabajo brote huérfano de esos mismos impulsos que hemos dejado a un lado en el camino, esos que desechamos cual lastre, para lograr la consecución de nuestra meta. Habremos logrado crear de esta manera algo tal vez magnífico, sí, pero puede que al mismo tiempo monstruoso.
 La novela gótica por antonomasia que aquí osaré analizar, nos cuenta la historia de como un hombre de ciencias se ve arrastrado por su pasión, olvidando en la vorágine de sus trabajos algo fundamental, que no es otra cosa que el puro cariño. Sin él, muchas cosas se nos despistan. Sin él, toda creación ve la luz adolecida por la falta de un hálito fundamental. Puede que al final el resultado de un duro trabajo sea grandioso, pero, sin cariño, algo le faltará sin duda. En este caso el resultado de esa desatada pasión por la ciencia es algo asombroso y digno de alabar, es cierto. Sin embargo, el vacío de ciertos impulsos emocionales, ha dado como resultado una criatura en cierto modo monstruosa. Y digo en cierto modo, porque en realidad esa monstruosidad al principio se limitaba a algo meramente superficial, a algo tan insignificante como el aspecto físico. Insignificante como debería ser, sí, pero demasiado importante para unos seres humanos que aún no han aprendido a ver más allá, a usar los ojos del alma. El doctor Frankenstein, entregado por completo a su casi milagrosa labor, dio vida a algo inerte, pero se olvidó de aportar un poco de cariño a ese hijo suyo, a esa creación extraordinaria.
 Mery Shelley nos relata esta desgarradora historia donde un ser se ve azotado por la ingratitud y la ceguera humanas. No hay piedad para un engendro salido de la nada, sin padres que lo reconozcan como suyo, sin ciudad que le acoja como a uno más de sus ciudadanos, sin un aspecto que le brinde la oportunidad de que alguien se acerque a él sin sentir odio o desprecio. Un desgraciado apátrida sediento de cariño y amistad, hambriento de caricias y harto de insultos y desprecios que no le dan tregua jamás. No hay perdón para quien exhibe una voz cavernosa y torpe y te mira desde un semblante sembrado de cicatrices horrendas. No hay ternura que ofrecer a quien camina solitario entre los bosques umbríos, mostrando siempre sus deformidades y un cuerpo gigantesco. No merece conocer el amor quien por semblante presenta una amalgama de rasgos despreciables, porque ha nacido para ser hermano del sufrimiento y la soledad. Su pecado es haber existido desafiando con sus rasgos las leyes de la armonía física, y eso es algo que los humanos no perdonan a ser alguno.
 Narrada de una forma muy emocional, directamente surgida del alma de su creadora, esta novela es, a mi juicio, una auténtica joya de la literatura universal. Ya no solamente por lo entretenida que pueda resultar su historia, sino por el trasfondo del relato, que nos muestra con crudeza la perfidia que anida en el alma del ser humano, quien en muchas ocasiones muestra lo poco evolucionado que aún está. Azotado cruelmente por el odio atávico de unos seres que rehuyen la fealdad, nuestro "monstruo" se ve arrojado a los fríos brazos del olvido y la soledad, en cuyo lecho el desgraciado ser irá alimentando una sed de venganza que le hará ponerse a la altura de aquellos quienes le han despreciado una y otra vez. Al final, quizás la humanidad haya logrado crear a un monstruo, empeñándose en ver maldad donde no la había.
 A veces, al igual que los árboles no nos dejan ver el bosque, nuestro sentido de la vista puede hacernos ciegos ante ciertas cosas que no han de escrutarse con los ojos de la cara, sino con los del alma. Mery Shelley supo retratarnos estas y otras verdades, haciendo uso para ello de diversos personajes, como por ejemplo ese anciano ciego con quien "el ser" quiso entablar amistad a toda costa.
 Un libro que desborda dramatismo y nos hace sentir una angustia casi permanente, aunque siempre con ganas de conocer un poco más, buscando un destino para nuestros personajes que, sin embargo, sabemos bien, no llegará jamás. Parece que no hubiera cabida para la felicidad en esta historia, para ninguno de sus personajes, salvo en efímeros momentos. Y sin embargo siempre queremos saber un poco más, ir devorando página tras página en busca de esa compañía que parece no querer llegar para liberar a "nuestro monstruo" de su soledad. O, tal vez, para que la justicia ciega de unos seres humanos, ebrios de prejuicios, recaiga finalmente con todo su peso sobre el alma de tan desdichada criatura.
 Revisando la historia de esta obra, me doy cuenta de que el estereotipo del doctor Frankenstein no está demasiado alejado de un personaje muy conocido por mí. Alguien que dejó aparcado a un lado, enclaustrado en lo más profundo de ese baúl que son sus pensamientos, ese sentimiento de cariño, para entregarse en cuerpo y alma a la consecución de sus trabajos científicos.  Alcanzaron ambos su objetivos, pero por el camino perdieron algo mucho más importante; la capacidad de abrazar la vida en toda su plenitud, sintiendo que su corazón no ha desechado jamás el cariño ni el amor que han de culminar toda obra o trabajo.

lunes, 17 de junio de 2013

UN PEQUEÑO REPASO POR LOS CLÁSICOS I

RESEÑA DE "EL HOMBRE INVISIBLE" DE H.G. WELLS.


La ciencia ficción nos ofrece la oportunidad de explorar territorios casi del todo indómitos, adentrarnos en esas tierras pantanosas que de otra manera nos sería muy difícil, o quizás demasiado peligroso, hollar con nuestras botas. Pero si nos enfundamos el recio y a la vez liviano calzado de la fantasía, para así poder caminar sobre los vertiginosos parajes de una novela, seremos capaces de navegar durante unas horas por esos territorios que son el fruto de hipotéticas ciudades futuristas, o especulativos experimentos que van un poco más allá siempre de la ciencia tal y como la conocemos.
 Aunque seguramente hoy día pudiéramos fantasear sobre la idea de la invisibilidad, pensando en ello como algo no tan lejano e imposible, y leamos en algunas revistas científicas sobre el tema como algo mucho menos descabellado, cuando esta historia fue creada, allá por el año 1897,  todo esto era seguramente una auténtica fantasía muy difícil de alcanzar.  Sin embargo, Wells, nos relata algo semejante de una forma bastante bien razonada, y aunque el sistema llevado a cabo por su protagonista para lograr la invisibilidad, no esté en total consonancia con la realidad y sus consecuencias, he de decir que uno llega a creerse su historia. Con esto quiero decir que, una vez te has adentrado en la novela, puedes apartar a un lado todo escepticismo y el autor logra que te dejes llevar de la mano durante toda la historia. Y yo considero que ese es un punto fundamental en toda novela de ciencia ficción. Es muy importante que uno, aun sabiendo que todo es pura imaginativa desbordante, pueda dejarse engañar por el relato que está leyendo, para así disfrutar de todo lo demás que en él se nos cuenta.
 Una de las cosas que más me han fascinado siempre de esta obra, es la caracterización del personaje principal. Tiene una personalidad claramente definida, y totalmente influenciada por su condición adquirida de hombre invisible. Uno puede imaginarse fácilmente los tormentos asociados a ese estado de "transparencia perpetua" y entiende el pertinaz carácter irascible que acompaña al científico durante sus azoradas desventuras. Al mismo tiempo, resulta fascinante la descripción de las acciones llevabas a cabo por el individuo, siempre teniendo en cuenta que su cuerpo no se puede ver, pero su organismo sigue ahí, cumpliendo las funciones vitales y los procesos digestivos y respiratorios, entre muchos otros. Magistral la manera sencilla pero totalmente gráfica de describir, por poner un ejemplo, el humo de una pipa inundando los invisibles pulmones de Griffin, para luego ser exhalado y dibujar en su trayectoria la forma de su tráquea.
 Al mismo tiempo, resulta divertido conocer las mil y una triquiñuelas que se ve obligado a llevar a cabo el hombre para que otros no adviertan su "cristalina condición", desde la forma en que se viste y disfraza, hasta las posturas que se ve obligado a adoptar cuando come o bebe. 
 A lo largo de las páginas de esta novela corta, iremos acompañando a este hombre que se ha visto atrapado por los frutos de su propio ingenio. Recorreremos lugares repletos de personas a las que habrá de dar esquinazo unas veces, o bien aprovecharse de ellas en otras ocasiones, y sentiremos el frío gélido que atenazará al hombre cuando se vea obligado a ir desnudo, por motivos relacionados con la discreción. No puede faltar en la obra ese otro científico más cabal, quien conocerá la historia terrible que se esconde tras este hombre atrapado en su propia invisibilidad.
 Una novela corta, pero ágil y entretenida, que además nos brinda la posibilidad de volver a fantasear con algo que, como niños en un cuerpo de adulto que somos muchos de nosotros, todos hemos jugado a imaginar alguna vez en la vida.