En esa edad en que la juventud ya insinúa con aire burlón que está próxima a dar paso a la experimentada madurez, es cuando más vulnerables parecemos mostrarnos ante los arrebatos de la más pura nostalgia. En ese periodo indefinido del ser humano, en esa transición entre la desenfadada cabalgadura de la pubertad, y el ocaso que marca el comienzo de una etapa adulta, es cuando en verdad la senda de nuestro mundo interior se torna más llena de obstáculos. Los recuerdos de nuestras alocadas vivencias pasadas, se materializan en forma de fantasmales vestigios que nos hacen evocar lo efímero de nuestra existencia. Revivimos constantemente nuestras propias dudas, nuestros deseos de alcanzar unas metas que, desgraciadamente en muchas ocasiones, aún no hemos podido traspasar. Una sensación acuciante atormenta nuestro errático devenir, pues sabemos que el tiempo se escurre como arena entre los dedos torpes de la vida. Tenemos la carga de que cada vez un mayor número de responsabilidades pesan sobre nuestra espalda, entorpeciendo más aún la consecución de nuestros sueños juveniles. La magia parece marchitarse bajo el yugo opresivo de la gris realidad que nos rodea, y es como si nuestro mundo de fantasía estuviera anegándose poco a poco bajo las aguas del olvido. Quizás los príncipes azules o las hadas de los cuentos de nuestra niñez, hayan perecido hace mucho tiempo en el fondo de nuestros corazones, y tan solo prevalezca, pesando como una pesadilla sobre nuestras cabezas, el humo espeso de una fábrica triste y lóbrega. Sin embargo, en el fondo de mi conciencia, sé que aún late con furia el corazón bravío de un guerrero incansable, que seguirá luchando hasta el fin de mis días, para que pueda seguir soñando, y alcance de una vez esas metas que hace mucho me propuse.
martes, 18 de octubre de 2011
miércoles, 12 de octubre de 2011
Ríos de tinta. ( 16 sep 2010, 19:38 )
Ellas calman los impulsos de mi agitado corazón en las calurosas noches de verano, dulcificando lentamente los ecos de mi sueño incipiente. También en ocasiones aceleran ese latido, trasladando mi mente hacia mundos llenos de vertigo y aventura. A menudo regresan, añudeñándose de mis pensamientos e insuflando un torrente de ideas, que más tarde habré de esgrimir con mano certera, para con ellas surcar de nuevo el lecho blanco de una hoja. También retornan en las frias noches de invierno, arrullando con su tierna voz mis sentidos, sosegando este espíritu de fuego, que en ocasiones no acierta a encontrar el remanso de un profundo reposo. Ellas son las piedras con las que poco a poco, voy construyendo esa catedral que es mi vida, a la vez que la argamasa de mi ingenio, fabricado a base de penas y alegrías, las une con solida determinación. Ellas son mis amadas amigas las letras, mis fieles compañeras de viaje, son como las hebras visibles de mis propios pensamientos.
sábado, 8 de octubre de 2011
PORTADOR DE LUZ. ( 11 mar 2010, 06:46 )
La imagen de la derrota.
Miren detenidamente esta imagen. No pretendo ser un experto en escultura, que no lo soy, ni en iconografía. Sin embargo creo que no hace falta nada de eso para darse cuenta, de que el autor de semejante obra, no quiso plasmar en ella una imagen de terror, oscuridad o prepotencia. Nada más lejos de la realidad, yo opino, y creo que está bastante claro, que lo que quiso fue más bien representar la derrota en su faceta más cruel. Frente despojada de corona, que ahora parece ser más bien una carga dolorosa para su cabeza, cetro de poder quebrado en dos con fiera determinación, tobillo anclado a un rabioso grillete bien apretado, y sobre todo, gesto de dolor y abatimiento, en un semblante donde el odio más bien brilla por su ausencia. ¿Verdad que no es esta la imagen terrible, que durante siglos nos han querido inculcar en nuestra mente colectiva, de lo que es el Ángel Caído? Es más bien como si alguien quisiera mostrarnos otra realidad muy distinta; la de un dios antiguo, visceralmente apartado de su antiguo trono, ahora usurpado por alguien que cree ser poseedor de la única, e irrebatible verdad.Tal vez la tan nombrada lucha celestial, fuera perdida después de todo por los que estaban del lado justo. Tal vez esos Ángeles Caídos, fueran luego difamados por los vencedores, porque recuerden, la historia nos llega siempre a través del relato de los vencedores. De este modo, los vencidos suelen ser dibujados ante nuestros ojos como simples alimañas, demonios abyectos causantes de todo el mal que nos perturba.
Simplemente se trate tan solo de una alegoría, de cómo las antiguas deidades fueron demonizadas por la nueva institución que ahora ocupa su lugar, con mano firme e intolerante. Pero yo pienso que detrás de toda alegoría, siempre hay una gran parte de verdad.
miércoles, 5 de octubre de 2011
Fruto de una noche de pesadillas apocalípticas (27 Mar, 18:22)
Tiempos convulsos para un espíritu agitado que busca metas lejanas. El agotamiento te hace sentir los pensamientos como un lastre que no puedes arrojar. Ellos son el equipaje que siempre has de portar a tus espaldas. Las sombras de un millón de dudas proyectan sobre tu mente tortuosa, las necias efigies de la desolación. Pero el latido de una canción vibra con energía en tus entrañas, bombeando sangre a tus miembros entumecidos por el sopor de la incertidumbre, alimentando la fuerza que aún yace dormida dentro de tu ser. Como un león atrapado te alzas por fin, rompiendo el cerco opresivo de esos temores que en torno a ti se arremolinan. Con uñas y dientes defenderás ahora tus ansias de conquista, tu afán de llegar a la cumbre que desde tanto tiempo atrás llevas queriendo coronar. No habrá duda ni temor que hagan arredrar tu valor, y ese latido que ahora marca el ritmo de tus pasos, no se dormirá jamás, porque avanzas con el ímpetu de una fiera desatada. El filo de tu fuerza sesgará todas esas sombras emponzoñadas que han intentado subyugar tu voluntad. Los terrores del pasado ya no pueden alcanzarte, porque han sido sepultados por la rotunda energía del presente. Tú esencia se ha fundido con la magia y nada ni nadie podrá detener tus pasos hacia la gloria. Eres el jinete que cabalga sin descanso, portando en la grupa de su caballo a una dama que desliza sus secretos poderosos en tu oído, mientras tu mirada arrasa con el fuego de sus pupilas todo aquel enemigo que ose cruzarse en tu camino. De entre un mar de brumas surgirá la figura imponente que traerá consigo el azote que hará temblar los pilares del mundo.
martes, 4 de octubre de 2011
La clave olvidada (22 Nov 2010, 00:05)
Es difícil poder imaginar las respuestas a todas esas preguntas que asolan nuestra mente. Tantas veces nos hemos atormentado intentando vislumbrar una explicación racional, con la cual poder justificar tantos sinsentidos dentro de este mundo. Muchos son los filósofos que han tratado de aportar luz, quizás con teorías tan confusas y retorcidas, que lejos de iluminar nuestro camino, lo han tornado aún más sinuoso y plagado de incógnitas. Debo aclarar por tanto, que en el presente escrito, no trato de ver con lógica los acontecimientos de los que hablo, sino tan sólo plasmar la sensación que despiertan dentro de mí. Algunos han querido ver en las guerras fratricidas que llevan asolando nuestro mundo desde la noche de los tiempos, un simple mecanismo, que la propia naturaleza implantó en nuestro código genético, para evitar que nos expandamos sobre la piel del mundo de una forma incontrolada. Otros han visto en ellas la llave que les abrirá las puertas de un paraíso prometido, en el cual morarán sus almas por el resto de la eternidad. Para muchos otros es la forma única de luchar con eficacia por sus ideales. Todo ello como digo, son simples hipótesis basadas en ideas filosóficas o religiosas. Sin embargo, lo que mis entrañas responden cuando medito profundamente, alejando mi mente del mundo exterior y de gran parte de sus influencias, es algo mucho más a un nivel espiritual. En esa parte del inconsciente colectivo que forma parte de todos y cada uno de nosotros, aún persiste una idea que alguien dejó plasmada en otro tiempo, y que por desgracia, parece haber caído en el más triste olvido para nuestra especie. Una frase muy sencilla, una idea tan razonable como comprensible. Y sin embargo, sin saber por qué, justamente en nombre de esa misma idea, se lleva haciendo todo lo contrario durante siglos y siglos.
domingo, 2 de octubre de 2011
29 Oct 2010, 23:24
Afuera la lluvia moja el asfalto desde el principio de este atardecer apagado. Ahora ya casi sin ganas ni fuerza, deja caer el cielo sus gotas con lánguido sopor, sobre las gentes apresuradas que deambulan por las calles. Mis botas duermen tristes a la vera de mi puerta, añorando el contacto duro pero mágico de un camino, con principio cierto, pero final desconocido. El pasado se amontona en una maraña confusa de imágenes borrosas entorno a mi memoria. Mi espíritu se deshace en un mar de ímprobos esfuerzos, por apaciguar los azorados latidos de un corazón, que anhela desesperado volver a latir con frenesí, bajo el diapasón acompasado de tus sonrisas. Entumecidos mis miembros, y sedientos de nuevas aventuras, me retuerzo con inquietud como una fiera enjaulada. Un animal salvaje, que desea saborear otra vez un nuevo capítulo de mi vida, cargado con el dulce néctar de excitantes proezas, y el bálsamo de tus besos y miradas, esperándome siempre al final de cada atardecer. Y aquí estoy otra vez acantonado entre cuatro paredes, entre unos muros fríos que oprimen mi afán de libertad y marchitan mis alas. A ritmo de Heavy Metal, siento cómo mis pensamientos se inundan poco a poco de coraje, y mis músculos vuelven a cobrar rigidez. Esperando con ansia, esperando siempre el momento de que estos me impulsen otra vez por esos caminos inciertos, que surcan un mundo extraño, pero repleto de maravillas. De maravillas tan apasionantes y tiernas, como tu mirada de hechicera, y tu luminosa sonrisa.
Apu Inti, dorado dios del sol, subyugada deidad Inca. (20/10/09)
Espoleado por un agradable sentimiento de satisfacción, fruto de la circunstancia de sentir al fin cómo alguien, después de tanto tiempo, vuelve a leer estos humildes y breves esbozos de saber, hoy he decidido continuar llenando una vez más esta especie de diario tecnológico. Es casi indescriptible, la sensación de regocijo que produce en mí mente, el hecho de llenar páginas nuevamente con ideas y retazos, de todo cuanto me apasiona.
En esta ocasión, creo apropiado hablar sobre un emplazamiento mítico, situado allende los mares. Su nombre es Coricancha, y su esencia, la de una cultura que en su tiempo demostró, como tantas otras, que era capaz de plasmar la belleza de sus pensamientos sobre un montón de obras de arte, difícilmente emulables. Y es que a lo largo de la historia, los pueblos y civilizaciones que han poblado nuestro amado planeta, a parte de por desgracia demostrar un belicoso afán de subyugar a sus vecinos, también en numerosas ocasiones han demostrado una especial sensibilidad, a la hora de revelar su lado más divino. Es cierto que los Incas fueron crueles en muchos aspectos, pero también lo es el hecho, de que nos legaron un sinfín de tesoros culturales. Entre otros, uno de los que siempre me ha fascinado más, desde que tuve consciencia de su existir, es el del templo de Coricancha. Era un recinto sagrado, que en su interior albergaba todo un prodigio, fruto de la mano del hombre. Parece ser que se trataba de un auténtico bosque de oro, una resplandeciente réplica de lo que puede obrar la naturaleza, donde no faltaban aves, vegetación, y muchas otras maravillas. Por desgracia, el implacable paso de los conquistadores españoles, hizo que toda esa magia se convirtiera finalmente en burdos lingotes, tras fundir toda la magnificencia que antaño representara tan preciado metal. Hoy día, sobre lo que fue en otro tiempo, uno de los elementos más importantes de aquel aplastado imperio, se erige la iglesia de Santo Domingo, para mi, triste recordatorio de lo que algunas culturas pueden provocar a otras, cegadas por un sediento afán de poder. Tal vez este lugar fuera uno de los motivos más relevantes, por los que se propiciara la leyenda del Dorado. A colación de todo esto, me viene a la memoria esa deidad solar, que los incas adoraban, y cuyo reflejo creían observar sobre la superficie de ese metal dorado, en la que sin embargo, otras culturas tan solo ven una fuente de poder y riquezas. Un bálsamo con el que poder curar sus heridas más profundas, fruto de una avaricia desmedida.
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