domingo, 9 de septiembre de 2012

RESEÑA DE "EL MANANTIAL" DE ALEJANDRO CASTROGUER.




Cuando una novela es capaz de hacer que nazca dentro de tu estómago un conglomerado de hondos sentimientos, con respecto a lo que sucede en las entrañas de sus páginas, sin duda alguna, ha de considerarse que la obra es realmente una creación con vida propia. He notado cómo, casi durante toda la lectura de la historia de Abel y Verona, el palpitar profundo de sus vivencias era trasladado en buena medida a los engranajes de mis sentimientos. He experimentando, siempre desde la cómoda postura del lector, protegido por esa barrera espacio-temporal que establece la magia de la literatura, un auténtico “manantial” de sentimientos azotando mi alma. Pero cuidado, porque en algunas ocasiones esa barrera puede ser salvada por aquello que bulle entre las páginas. Puede ser que te veas salpicado por la sangre y otras sustancias no menos desagradables, durante la lectura.
El autor de la novela no escatima en esfuerzos y medios a la hora de escarbar sin piedad alguna hasta lo más recóndito de esas mentes atormentadas, que suponen el portal por el que el lector se adentra en la historia. Hay momentos en los que la dureza de esas vivencias y la cruel meticulosidad del autor, a la hora de narrarlas, hacen que uno sienta en sus propias carnes el tormento vivido por los personajes. Todo esto propicia el nacimiento de múltiples preguntas en el lector. Y cuando una novela hace que te plantees preguntas, sin duda alguna es una novela con un valor añadido. Una de las cosas que más me han maravillado de la obra, es la forma progresiva de hacer que comprendamos, por duro que pueda parecer, que todo lo relatado está más cerca de la realidad de lo que podamos admitir. En un mundo donde prima la supervivencia, donde lo cotidiano ha confinado el alma de los personajes a las paredes de una existencia donde reina, ya no solo la angustia de poder verse convertidos en presas de seres inmundos, sino también la dureza del día a día, puede despertarse el frío aguijonazo en esos personajes, de querer romper la cotidianidad que les rodea. Abel y Verona se entregan por completo a la dictadura de su depravación, al liderazgo visceral de una imaginación corrompida por la drástica ruptura del mundo con la normalidad. De esta manera, a lo largo de los años de dura confrontación con la nueva realidad que les aprisiona en su refugio, han ido adaptando sus “juegos” a la misma sintonía de depravación que flota en el aire que respiran. En “El manantial”, no sólo se rompen las fronteras de la muerte tal y como la conocemos, sino que esto además provoca una drástica alteración de unos individuos vulnerables que, aunque han podido mantener durante mucho tiempo la supervivencia de su carne, no han sabido hacer lo propio con la de sus almas.
 


Es fácil llegar a sentir odio hacia los personajes de la historia, pero al mismo tiempo también es muy probable que uno llegue a sentir lástima. La tristeza de ver cómo un ser humano indefenso puede llegar a transformarse en una bestia sin escrúpulos, capaz de cualquier cosa, nos hace recordar lo frágil que puede llegar a ser nuestra propia humanidad. ¿Quién puede asegurar a cien por cien, la imposibilidad de que el curso de la historia sea capaz de despertar en él la criatura salvaje que todos llevamos dentro? Quizás rehuyamos constantemente este tipo de preguntas, pero, os lo advierto, la novela que tenemos entre manos puede hacer que nos enfrentemos a esa cuestión más de una y de dos veces, a lo largo de su lectura.
Por otro lado, “El Mantial” es al mismo tiempo una historia de lectura ágil y amena. Una narración bien construida, capaz de mantenernos entretenidos, al mismo tiempo que angustiados, durante un buen puñado de horas. A lo largo de la historia se van desbelando preguntas al mismo ritmo que otras nos son planteadas. Siempre quiere uno saber qué va a pasar con tal o cual personaje e incluso desea que de una vez esa mala bestia lleve su merecido. Es cierto, Abel es víctima al mismo tiempo que verdugo, pero un cierto sentimiento de justicia nos hace desear que caiga el peso de un castigo sobre sus actos deplorables. Hay varios capítulos especialmente duros, pero debo admitir que si Alejandro no hubiera sido tan osado, tan valiente a la hora de arrojar sobre el papel toda la dureza de esta realidad que se ha inventado, la novela perdería un grado importante de sinceridad. Las historias han de contarse con todas las consecuencias, aun cuando pueda parecer innecesario el uso de ciertas descripciones. Como digo, considero que parte de la fuerza de este libro, radica en el hecho de que, tanto Alejandro al hora de redactarla, como de Dolmen a la de publicarla, no han consentido en sesgar ni una sola coma de la narración.
Hete aquí que conforme progresas en la lectura, descubres, entre otras muchas cosas, que quizás no hayas sido justo al focalizar tu ira en mayor grado sobre uno de los personajes. Una visión retrospectiva por parte de uno de ellos, te hace ver la realidad de esos tiempos preteritos donde todavía el mundo no se había ido al garete por completo. A través de esos recuerdos, uno va entretegiendo la tela de la araña de la historia al completo y de este modo se da cuenta de que la maldad anida en todos los personajes, casi por igual. Todo ello, unido a alguna sorpresa un tanto desagradable, conseguirán mantener nuestra atención bien despierta hasta la última página de la narración. Pero hay que tener muy en cuenta que la novela apenas concede tregua alguna en esa sucesión de atrocidades que se van convirtiendo en crudas imágenes en nuestra mente. Cuando uno piensa que ya ha pasado por los trances más ásperos de la historia, de pronto una nueva explosión de violencia sacude nuestros sentidos con más fuerza que antes. Cuando ya no crees posible que el autor pueda ahondar de manera más profunda en el horror, que ya ha urgado cuanto podía en la brecha que saja el alma de los personajes, renace poco a poco un nuevo brote de salvajismo sin parangón. Los últimos capítulos son de una intensidad tal, que llegas a sentir una tormenta de sentimientos encontrados bullendo a flor de piel. Los últimos redobles suenan atronadoramente, mientras descubres, desolado, cómo después de todo aún ha sido despertado dentro de tu pecho un profundo sentimiento de compasión. ¿Cómo es posible que Alejandro, después de habernos hecho odiar a sus persnajes hasta límites inimaginables, aún pueda hacer brotar la empatía en cierto grado, dentro de nosotros?¿Puede haber cabida en nuestra mente para la pena, cuando hemos comprobado las cotas inaguantables de bestialidad que estos individuos han alcanzado sin titubeo alguno? La respuesta en mi caso es rotundamente sí. Y no, no vayan a pensar que soy un depravado miserable a la altura de Abel y de Verona. La expliación a todo esto es mucho más sencilla y comprensible. El autor nos retrotrae en el momento culmen de la historia, a un tiempo donde sus personajes aún eran arruyados en el tierno lecho de una cándida inocencia.

Por: Juan Miguel Fernández.

jueves, 26 de abril de 2012

Tercera presentación de "El Jardín Impío". (Feria del libro de Gijón).


 Cada presentación es un pequeño logro más, una nueva carga de mis pequeñas hordas de muertos resucitados, de esos simpáticos conversos que han sido despojados de todo tipo de humanidad, para transformarse en siervos de una maléfica esencia fruto de mi particular imaginación. Aunque estos primeros compases a la hora de difundir mi obra, no son precisamente lo que se dice multitudinarios, siento sin embargo una honda satisfacción al comprobar cómo, poco a poco, paso a paso, tengo la oportunidad de conocer en cada ocasión a alguna persona más dispuesta a prestar atención por unos minutos a aquello que tenga que contarles. Por supuesto, nunca faltan amigos que me apoyan de manera incondicional y que arropan este humilde surgimiento de una obra que para mí significa el principio de un nuevo camino por recorrer en el mundo de las letras. De entre ellas, como no podía ser de otra manera, siempre siento con especial intensidad el abrazo firme y sincero de la que para mí ya es “mi lugar teniente”. Ella siempre está ahí, entre los presentes, ya bien sea en primera fila o quizás un poco recogida en algún rincón, aportando aliento y esperanza a mi espíritu, regalándome pequeños gestos de complicidad que yo atesoro como el combustible esencial que alimenta la maquinaria de mi fe. Mis logros siempre serán también los suyos, pues de no ser por ese empuje y esa magia que me aporta, mi ilusión no se sustentaría de manera tan firme. Por todo ello, nunca me cansaré de agradecer todo aquello que ella hace para que mis sueños no se vean jamás truncados.
 Aquí dejo como siempre, unas cuantas fotos del evento. 





sábado, 14 de abril de 2012

La Joya de Babilonia.


Ni siquiera todo el cariño y el cuidado puesto por una joven para cuidar un ejemplar de La Joya de Babilonia, la especie de planta más bella y espectacular de los míticos jardines colgantes que ocupan un lugar de honor entre las Siete Maravillas del Mundo, es capaz de evitar que una gran desgracia caiga sobre la familia.
Y si una especie ha sobrevivido tanto tiempo es porque sabe garantizarse su propio sustento…
El Jardín Impío comienza con un espantoso crimen y continúa como un “tour de force” en el que varios personajes comprenden que cuando no alimentas bien a determinado tipo de seres vivos, ellos tienen las herramientas precisas para garantizarse su supervivencia.

viernes, 6 de abril de 2012

SEGUNDA PRESENTACIÓN DE "EL JARDÍN IMPÍO"



Pues he aquí la crónica de una nueva experiencia absolutamente enriquecedora para mí. Como escritor en ciernes que soy, he decidido atesorar todos estos valiosos momentos, dejar constancia de mis sensaciones ahora que aún están latentes y llenas de calor. Lo cierto es que algunas veces me sorprendo a mí mismo al descubrir, a través de este tipo de gratificantes vivencias, una faceta de orador que antes tenía demasiado oxidada y reprimida quizás. Aunque de manera humilde todavía, puedo ver cómo voy labrándome un pequeño camino en este mundo de las letras, siempre a base de ilusión, esfuerzo y el apoyo inestimable de aquellas personas que hacen posible la consecución de este gran sueño. Supone para mí un placer el hecho de poder compartir mi visión del mundo de la literatura, por el cual al fin he comenzado a caminar con mucha más firmeza que antes, con personas tan cercanas a él, tan apasionadas por los entresijos de tan excelso territorio.
 De esta segunda experiencia cabe resaltar el apoyo e interés mostrado tanto por  parte de Oscar, (librería Nexu-4), como por los miembros de la asociación cultural "Amigos de la Narración Gráfica". Desde el principio se mostraron muy acogedores, muy interesados por mi novela y todo lo que hay detrás de ella. Lo cierto es que gracias a las preguntas planteadas, pude comenzar a desgranar un pequeño discurso con el que traladar mis sensaciones al resto de presentes. Mi reprimida faceta de orador está siendo por fin rescatada, como ya antes mencioné, de bajo los polvorientos sotanos de mi, algunas veces, introvertida personalidad. También agreder el interés de Javier Fernández Bilbao, quien ya publicó un relato corto dentro de Antología Z volumen 3 titulado "almas en crudo", y que ya he leído tras adquirir el libro en la propia librería, aprovechando también la ocasión para que uno de los autores me lo firmara. Fue un bonito intercambio de dedicatorias.
Aquí dejo algunas fotos del evento.









miércoles, 21 de marzo de 2012

PRIMERA PRESENTACIÓN DE "EL JARDÍN IMPÍO"

Pues esta ha sido la primera presentación de mi primera obra publicada El Jardín Impío. Al principio sobrevolaba sobre mí la sombra de las dudas y el molesto aguijonazo, siempre tan presente, de esos titubeos míos que vienen como consecuencia de mi carácter a veces tan introvertido. Sin embargo, como la mayoría en esta ocasión de los presentes han sido personas que conozco de hace mucho tiempo, pronto me he sentido cómodo para poder hablar sin ningún tipo de tapujos, sacudiendo la timidez de mis hombros con brioso regocijo. Debo agradecer el interés de los allí presentes, pues sin sus amables preguntas no habría sido capaz de sentirme tan a gusto en tan solitaria mesa. Ha sido emocionante poder explicar cómo surgió la idea de la obra, cuándo y gracias a qué personas, al mismo tiempo que rememoraba acontecimientos del pasado directamente relacionados con lo que luego pasó a formar parte del humus que alimentó la novela El Jardín Impío. También ha  resultado gratificante contar con la presencia de alguien que domina el mundo de la literatura zombi casi a la perfección. Resulta sorprendente que haya trazado un paralelismo tan atinado de mi obra con tan sólo leer la breve sinopsis. Sin más, aquí dejo unas cuantas fotos del acontecimiento.  









miércoles, 14 de marzo de 2012

SOBRE "EL JARDÍN IMPÍO".



El jardín impío es como una bofetada de la naturaleza en pleno rostro, a un ser humano que se ha dejado arrastrar por los más hondos sentimientos de materialismo y corrupción del alma. Es un grito visceral que lleva implícito un mensaje ecológico, al más puro estilo de una madre Gea especialmente enfurecida. Muestra la crueldad devastadora de la tierra que, cuando está cansada, puede alcanzar unas cotas de salvajismo imposibles de asimilar por la limitada mente del ser humano. Es el reflejo del lado menos amable de tan grandiosa madre. Aquí ya no hay cabida a sentimientos como el amor o el odio, el bien o el mal, pues cuando la naturaleza pone en funcionamiento sus mecanismos de defensa, tan sólo centra sus esfuerzos en la consecución de sus fines, tan estrictamente ceñidos, muchas veces, al plano de la supervivencia.
Como todo libro del género zombi que se precie, también está plagado de metáforas sobre la alienación de una sociedad idiotizada por los medios, y de cómo poco a poco, siempre alguien procura transformar nuestra existencia en un mecanismo donde somos simples gregarios que alimentan a una fuerza superior.
Por otro lado las referencias a la perfidia, la corrupción, la cobardía o el odio, todos ellos tan ligados por desgracia al ser humano, son constantes en la novela. 

domingo, 5 de febrero de 2012

CORAZÓN DE FUEGO.

Resulta verdaderamente difícil en numerosas ocasiones como la presente, resistir el imperioso impulso de seguir escribiendo. Por ello doy una vez más rienda suelta a este peligroso conglomerado de pensamientos, a este furioso torrente de ideas que fluyen de mi interior para derramarse sobre semejante diario cibernetico. 

Hoy no sabía muy bien de qué hablar, hasta que al final recordé un curioso sueño que tuve hace algunos meses. Siempre me ha apasionado sobremanera el mágico mundo de lo onírico, y suelo por ello recordar gran parte de mis vivencias por esas vertiginosas tierras, situadas al otro lado de la vigilia. Es un mundo plagado de sensaciones sobrenaturales, una forma distinta de navegar por el microcosmos de nuestra mente, para así poder contemplar la esencia de nuestras vidas desde una perspectiva que se rige por unas leyes que están fuera del alcance de la física por nosotros aceptada. En los sueños, es como si todo fuera posible, como si las fronteras de lo cotidiano y lo material pudieran expandirse hasta límites insospechados, e incluso deformarse, dejando vía libre a todo cuanto se pueda concebir por una mente humana.

En el mencionado sueño, mi esencia se veía amplificada por diez, con el consecuente desbordamiento de mi potencial, tanto físico, como espiritual. Me hallaba inmerso en el epicentro mismo de una cruenta batalla. A mi alrededor todo era caos, gritos de horror, y sangre derramada que teñía de un rojo fuerte las vastas praderas de mi mente. Miembros amputados yacían lánguidos sobre una estepa coronada por suaves lomas, hordas de rabiosos soldados rodeaban mis mermadas tropas, y un persistente lamento se hacía eco en lo más profundo de mi alma. Sin embargo, recuerdo que jamás cedí ante tan desalentador panorama. Lejos de ello, mi corazón comenzó a latir con furioso arrojo, mientras mi mano esgrimía una espada de considerables proporciones, con fuerza tal, que hasta mis nudillos palidecían por la falta de riego sanguíneo.
El enemigo usaba otro tipo de armas más modernas. Pues también recuerdo cómo los proyectiles que estas escupían se hundían en mi carne, provocando heridas absolutamente incompatibles con la vida. Pero, oh, mágica grandeza de los sueños, en momento alguno sentí que esta se me escapara a través de tan letales orificios. Por el contrario, seguí avanzando con determinación, a la par que exhortaba a mis hombres a hacer lo propio, tras despejar el camino a base de fieros mandobles. A través de aquella dantesca brecha, me hice paso hasta la cima de la loma que gobernaba todo el lugar, para desde tan grandiosa atalaya, proclamar mi victoria con la punta de mi espada apuntando al cielo. Sin embargo, en ese mismo instante un pensamiento acudió a mí, como un rayo que surca una tórrida noche de verano. Era la certeza de que sin la unidad que mis soldados y yo formábamos, mi espada jamás habría sido sustentada por una fuerza tan efectiva, y la gloria conquistada habría formado parte tan solo de... un simple sueño más.